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viernes, 21 de abril de 2017

NO MAS SOCIALISMO XXI


Tuve la suerte de haber nacido en un lugar paradisiaco, en el Ecuador. Cada amanecer al abrir los ojos podía ver el imponente cráter del taita Imbabura. Tuve la suerte de tener una madre ecuatoriana que cada día luchaba incansable y con ahínco por sus cinco hijos. Su ejemplo y enorme valentía, su sacrificio y dedicación fueron mi primera escuela.

Al crecer tuve la suerte de ir al colegio San Francisco de Ibarra donde los sacerdotes españoles y mis profesores españoles y criollos me enseñaron las matemáticas, la historia y geografía, entre otras 14 materias. Pero sobre todo los valores y principios que hacen que el ser humano pueda vivir en sociedad. Poco a poco fui aprendiendo que la sociedad ecuatoriana era única porque tenía sus propias reglas, aunque estas no estén escritas. Pero eran ese conjunto de tradiciones, costumbres, moralidad y creencias religiosas que dan forma a la sociedad ecuatoriana. Hoy al ver la corriente situación ecuatoriana, solo puedo decir que veo aterrorizado que esos valores y principios que me fueron inculcados en esa patria hermosa han sido reemplazados por una fuerza del mal que está causando una descomposición de todos esos valores y principios. ¿Cómo más explicar la descomposición del sistema judicial? ¿Quién puede explicar? que el órgano que está supuesto a velar por la transparencia y fortalecer los órganos de control del estado se haya desnudado ante el mundo como una simple prostituta al servicio de Rafael Correa. Y en el mismo día cuando la jueza emitió un fallo en contra de nobles ancianos ecuatorianos, le dejo igualmente desnuda a la justicia.

Los valores humanos son ese conjunto de creencias sobre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, en todos los aspectos que conllevan interactuar en la sociedad con otros. Un gobierno no puede abandonar esos valores universales del amor y la compasión cuando ejerce medidas sobre su pueblo. El momento que lo haga empieza un desmantelamiento de esos valores que son parte intrínseca de la sociedad ecuatoriana.

Si bien los ciudadanos deben aceptar a vivir bajo un sistema político, económico y social que es impuesto cada cierto tiempo por quien gane las elecciones en el sistema democrático republicano. Los ciudadanos no le han conferido a ese gobierno el derecho a deshacer, descomponer, desvalorizar y desmantelar la sociedad ecuatoriana. El compromiso a dar el voto y aceptar ser gobernados por un partido de cierta ideología, no significa que los dieciséis millones de habitantes han renunciado a sus creencias y opiniones, mucho menos a su cultura y tradiciones.

Es así como el ciudadano ecuatoriano comienza a caer en la desesperación al ver que sus derechos no son respetados, porque la justicia ya no es independiente ni libre de los caprichos del gobierno. Al ver que los valores personales, su libertad, su derecho de expresión, su derecho a perseguir una vida justa, equitativa y digna ha sido secuestrada por leyes y medidas tiránicas que solo persiguen hacer del ciudadano un esclavo de un sistema pseudo socialista perverso, mezquino, corrupto e ilegal.
En las clases de teología de un sacerdote Franciscano, yo debatía a los doce años por qué hay cosas que son sagradas y otras profanas sólo porque están escritas en textos sagrados. Y el padre Benito Andueza me explicaba que son esos valores sagrados los que sirven como una fuerza de guía en la vida y son las que proporcionan un sentido de dirección a un individuo y al conjunto de la sociedad. Cuando esos principios son desechados, entonces la confusión se apodera de las mentes de las personas con respecto a un problema o un sentimiento. Cuando eso sucede la sociedad pierde sus valores y termina en la anarquía.

Es precisamente lo que está sucediendo en el Ecuador. Hoy se está utilizando las judicaturas como aparatos de intimidación contra su propio pueblo. Jueces lacayos que no tienen ni el más mínimo respeto a los códigos legales, ni a la justicia, ni a los derechos del ciudadano que son la razón por la que existen las cortes. Ahora vivimos tiempos de desvergüenza e ignominia, donde la impunidad se ha convertido en el derecho de la partidocracia de Alianza País. El pueblo y todos los ciudadanos han perdido sus derechos a reclamar, investigar, denunciar los constantes actos de corrupción. El despotismo de un grupo de cobardes socialistas que está destrozando la nación a pretexto de una mentada revolución ciudadana, que se ha convertido en una revolución de despotismo, de corruptos despilfarradores que persiguen a quienes les denuncien con la protección de los corruptos fiscales, contralores y la protección de los poderosos que controlan este inmundo sistema. La descomposición moral de la nación comienza a regarse como una fétida neblina que se riega por la patria. El ciudadano comienza a sentir la indignación y la impotencia ante tanta injusticia en la que está viviendo.

Precisamente fue en el colegio San Francisco donde pude adquirir conciencia que, sin esos principios, las leyes y verdades universales no puede existir reglas o leyes que manden sobre el comportamiento humano, para poder establecer y gobernar la interacción entre las personas en una sociedad. Los principios son precisamente esas leyes universales no escritas que todo humano las lleva consigo mismo como parte de su alma, expresada en su propia conciencia. Quien viole estos principios son despreciados en una sociedad. Porque la misma conciencia del pueblo y de la sociedad se vuelve la rectora en la vida. Son esos principios los que se convierten en una brújula que guía el camino de la sociedad. Esos principios universales hacen que la sociedad comience a comunicarse en una forma casi telepática. No hace falta que la prensa, los medios escritos o sociales te digan, se levanta al punto de traer a miles o millones de personas juntos con el mismo fin de decir “No más a la violación de estos principios”. Eso es lo que está sucediendo en Venezuela y en el Ecuador.


La ideología es tan solo un conjunto de ideas utilizadas para dominar sobre un grupo de gente. Por ello una ideología jamás puede reinar sobre los valores humanos ni los principios. Porque son estos dos últimos los que establecen la justicia, la igualdad, la veracidad, la honestidad. Y sin esto no puede existir una sociedad. Pero la sociedad ecuatoriana debe persistir sobre esta depravada, corrupta y maldita revolución ciudadana. La misma que no es más que un método de control para ignorantes, manipulada por un grupo de charlatanes corruptos y criminales. No más al socialismo XXI en el Ecuador si queremos rescatar la patria paradisiaca en la que vivimos.

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